¿Por qué será que todos conocemos a alguna persona narcisista pero muy pocas personas se reconocen como narcisistas? ¿Qué tiene que ver el narcisismo con las desigualdades y la exclusión en nuestras sociedades y organizaciones? Y, por último, ¿será que esto se cambia de manera individual o colectiva?
Vamos con lo fundamental, definición de diccionario (o de IA para ser más preciso): El narcisismo es la excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras. ¿Te resulta familiar? Como siempre, solemos tender a pensar que esta es una condición individual de las personas, es decir que, sin importar el contexto, una persona nace narcisista o no. Sin embargo, aunque nos cueste procesar con nuestro sentido común actual, (¿casualidad?) el contexto importa y mucho, porque esta condición puede expandirse o retraerse dependiendo de si la cultura (o sociedad) la premia o la castiga. ¿Y se imaginan qué sucede? Exacto, la premia.
La sociedad actual promueve el narcisismo a través de una combinación de factores culturales, tecnológicos y de crianza que fomentan el individualismo, la autopromoción y la búsqueda constante de validación externa. Las razones clave incluyen:
- Cultura del Individualismo: Las sociedades occidentales modernas tienden a valorar la individualidad, el éxito personal y la autopromoción por encima del colectivismo. Este enfoque en el “yo” crea un entorno donde priorizar las propias necesidades y logros es socialmente aceptado, e incluso incentivado.
- Redes sociales y tecnología: Plataformas como Instagram o TikTok actúan como un “escaparate ideal” donde los individuos pueden proyectar una imagen idealizada y autopromocionarse. La búsqueda de “me gusta”, seguidores y comentarios alimenta la necesidad de admiración y refuerza la autoestima a través de la aprobación externa, lo que puede tener un efecto de autorrefuerzo en los rasgos narcisistas.
- Sociedad de consumo y la “positivismo extremo”: La cultura de consumo a menudo se centra en la gratificación instantánea y la idea de que uno merece un trato especial y lo mejor. Además, la industria de la felicidad y el pensamiento positivo extremo pueden, paradójicamente, fomentar una preocupación excesiva por el bienestar y la autoimagen personal, a veces a expensas de la empatía por los demás.
- Debilitamiento de los vínculos interpersonales: La modernidad ha traído consigo relaciones que tienden a ser menos estables o duraderas, lo que puede afectar el compromiso personal y generar una mayor sensación de vacío interior, que se intenta llenar con validación externa y superficial.
¿Y qué tiene que ver esto con la inclusión, la igualdad o la empatía? Pues todo. Piénsalo un momento: ¿Por qué me comprometería con una sociedad más justa y equitativa si creo que cada uno tiene “lo que se merece”? Analícemelo:
En primer lugar, los narcisistas tienden a priorizar su propio estatus, poder y necesidades por encima del bienestar colectivo. Es menos probable que apoyen políticas o movimientos que busquen una redistribución de recursos, poder u oportunidades si perciben que esto podría disminuir su propia posición privilegiada o estatus social. Y si no le doy prioridad a las necesidades de los más desfavorecidos, es fácil imaginar que será muy complejo desarrollar empatía. La característica central del narcisismo es un déficit significativo de empatía. Las personas con altos rasgos narcisistas no invierten tiempo o energía para comprender genuinamente las experiencias, luchas y necesidades de los demás. Esta incapacidad para conectar con el sufrimiento ajeno hace menos probable que se motiven a actuar por causas que no les afecten directamente a ellos mismos.
Por otro lado, el creerse inherentemente superior o con un derecho especial a privilegios, choca directamente con el principio de igualdad. Desde esta perspectiva, la equidad puede verse no como justicia, sino como un intento de nivelar el campo de juego de manera “injusta”, ya que perciben que merecen más que los demás. ¿Te suena? Lamentablemente, la construcción de una sociedad más justa requiere trabajo en equipo, compromiso y la capacidad de ceder en beneficio del bien común. Los narcisistas a menudo tienen dificultades para colaborar, ya que tienden a querer controlar las situaciones, buscar el crédito personal y desvalorizar las contribuciones de los demás, lo que obstaculiza los esfuerzos colectivos.
Por último, y no por ello menos importante, el narcisismo se asocia a menudo con la búsqueda de gratificación instantánea y beneficios personales a corto plazo. La lucha por la justicia social es un proceso a largo plazo que requiere paciencia, sacrificio y una visión del futuro. El enfoque en el “aquí y ahora” del beneficio propio debilita este compromiso sostenido.
En resumen, la preocupación desmedida por el “yo” y la incapacidad de ver más allá de los propios intereses actúan como barreras psicológicas y conductuales que dificultan la empatía y la acción necesarias para construir una sociedad verdaderamente equitativa e inclusiva.
Aquí es donde fui corriendo a la IA y le consulté cómo se cambia esta realidad. ¿Cambiando la sociedad para que no promueva el narcisismo? ¿O esforzándose a nivel individual para no ser narcisista? Su respuesta fue tajante: Ambos enfoques, el cambio social y el esfuerzo individual, son necesarios y se refuerzan mutuamente. Abordar el problema del narcisismo requiere una estrategia dual:
1. Cambio a Nivel Social (Transformación Cultural)
Cambiar la sociedad implica modificar los sistemas e incentivos que actualmente fomentan el narcisismo. Esto incluye:
- Promover valores colectivos: Fomentar una cultura que valore la empatía, la cooperación, la responsabilidad social y el bienestar comunitario por encima de la autopromoción individualista y el estatus.
- Moderar las redes sociales: Desarrollar un uso más consciente y crítico de las plataformas digitales, centrándose menos en la imagen idealizada y más en la conexión humana auténtica y el contenido significativo.
- Reformar la crianza y la educación: Implementar métodos educativos que enfaticen la inteligencia emocional, la resolución de conflictos, la gratitud y la importancia del servicio a los demás. Educar sobre el valor del esfuerzo y la resiliencia en lugar de la recompensa inmerecida.
- Desincentivar la cultura de consumo: Moverse hacia una sociedad menos centrada en la gratificación instantánea y la adquisición material, lo que puede reducir el enfoque en el “yo” y los deseos personales superficiales.
2. Esfuerzo a Nivel Individual (Crecimiento Personal)
El cambio individual es fundamental porque los sistemas sociales están compuestos por individuos. El esfuerzo personal implica:
- Autoconciencia y Reflexión: Reconocer los propios rasgos narcisistas (todos tenemos algunos en menor o mayor medida) y entender cómo afectan las interacciones con los demás.
- Cultivar la Empatía: Practicar activamente ponerse en el lugar de los demás, escuchar activamente y validar las experiencias ajenas.
- Buscar la Autenticidad sobre la Aprobación: Trabajar en la autoestima intrínseca, que proviene de dentro, en lugar de depender constantemente de la validación externa, los “me gusta” o la admiración superficial.
- Compromiso con el Bien Común: Participar en actividades que beneficien a la comunidad o aborden problemas sociales, lo que ayuda a desviar el foco del “yo” hacia el “nosotros”.
El cambio social crea un entorno más propicio para que los individuos desarrollen rasgos saludables, mientras que el esfuerzo individual es lo que impulsa y sostiene el cambio social. No es una elección entre uno u otro, sino una sinergia necesaria. Una persona que trabaja activamente para ser menos narcisista puede, a su vez, influir en su entorno social inmediato y contribuir a un cambio cultural más amplio.
Por Marcelo Baudino
Experto en Diversidad, Equidad e Inclusión
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