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Una mirada feminista a los tabúes corporativos

Recuerdo que hace un tiempo, por el día del medio ambiente, la empresa de salud en la cual trabajaba por aquel entonces, lanzó una consigna que invitaba a compartir algún hábito adoptado en el último tiempo en pos de cuidar el planeta. Así, surgieron varios testimonios: “Yo empecé a separar residuos” decía uno, “Yo doné ropa a un comedor que va gente en situación de calle para darle una segunda oportunidad a esa ropa que ya no uso”, “Yo armé mi huerta y empecé a compostar”, “Yo empecé a usar la bici para las distancias cortas”, y así..

A mi, lo primero que se me vino a la cabeza al ver la consigna, fue compartir que empecé a usar la copita menstrual, la que además de ser amigable para mi cuerpo, contribuye a disminuir la enorme generación de residuos patogénicos, puntualmente las toallitas “femeninas’’, y lo pongo entre comillas porque a esta altura de más está decir que no solo hay mujeres que menstruamos, sino también varones, personas no binarias, travestis.

¿Pero saben qué? No lo hice. No compartí mi nuevo hábito, pues pensé ¿qué dirán los varones al leer mi comentario? ¿Qué pensarán los Directores al enterarse? ¿Pensarán que soy una desubicada por traer algo así al ámbito corporativo? ¿Cómo iba a hablar en la red social interna de la empresa sobre algo tan “personal y desagradable” como es la menstruación?

Pero ahora me cuestiono ¿Por qué elegí no hablar de esto? Un tema que posiblemente hubiese habilitado a que se abran otras conversaciones con dudas y preguntas que todas tenemos y no siempre logramos saldar, se me ocurren algunas como por ejemplo ¿Qué elementos de gestión menstrual existen, cuales son sus pros y contras? ¿Qué pasa con los atrasos? ¿Los dolores menstruales insoportables son normales o debería ser motivo de consulta médica? ¿Es verdad que si tenemos sexo mientras menstruamos, se evita el riesgo de embarazo?

Y bueno, pese a que comentarlo cumplía la consigna, y de hecho hubiese dado pie a toda una serie de cuestiones que claramente hacen a la salud y bienestar de las personas (core del negocio de esa empresa), el caso es que haya sido por pudor, por incomodidad, por vergüenza, no lo hice.

Es como si funcionara un disciplinamiento tácito, que, aunque en ningún sitio se prohíba expresamente hablar de ciertos temas, no se hace en efecto. Y en relación a esto, me pongo a pensar ¿Cuántas cosas más relacionadas al género estaremos perdiéndonos de hablar, de poner sobre la mesa, de cuestionar?

Pensemos por ejemplo ¿Cómo, si a nadie se le ocurre ir a desayunar al baño, normalizamos ver a personas que amamantan ir al baño para sacarse la leche? ¿Por qué sigue habiendo cuerpos que permanecen ocultos? Vemos por doquier publicidades de los elementos de gestión menstrual (tampones, toallitas, copitas, etc.), siempre mostrando a un prototipo de personas (mujeres cis y cuanto más hegemónicas, mejor) o en octubre campañas rosas llenas de mujeres para alertar sobre la necesidad de prevención del cáncer de mama y ahí es cuando me pregunto: ¿Qué pasa con los cuerpos de los varones trans, las personas no binarias o de las travas? ¿Acaso esos cuerpos no importan?

Parece que a pesar de que insistimos una y otra vez en considerar que ‘‘lo que no se nombra, no existe’’, y de hecho, hemos avanzado bastante en nombrar a las cosas por su nombre y romper tabúes, aún persiste cierta incomodidad y resistencia a hablar de algunos temas libremente, inclusive cuando atañen a más de la mitad de la población.

Afortunadamente en algunos lugares y muy de a poco esto empieza a cambiar. En España, recientemente se ha aprobado una ley que contempla la baja laboral temporal para aquellas personas con menstruación incapacitante secundaria o dismenorrea asociada a patologías como endometriosis. Esta es una medida que por supuesto no estuvo exenta de polémicas y posiciones encontradas, pero fue adoptada por 185 votos favorables, 154 en contra y 3 abstenciones, convirtiendo de esta manera a España en el primer país de Europa y uno de los pocos del mundo en contemplar esta medida, a imitación de Japón, Indonesia y Zambia. Esta ley, además de otorgar un derecho, contribuye a normalizar y sacar del área de tabú a la menstruación.

Y en este punto, seguramente algunas personas estén pensando, “Aquí, con suerte tenemos baño de mujeres y aún no nos asignan presupuesto suficiente para el lactario que queremos hacer”. Pero como suele decirse, “una cosa no quita la otra”. Me arriesgo a pensar que en América Latina, falta aún un tiempito para poder abrir y entablar conversaciones libres y seguras sobre la menstruación y entender las necesidades que surgen en torno a ella; lo mismo que sucede con la menopausia, cuestión a la que debería dársele mayor importancia si tenemos en cuenta que para 2025 se estima que habrá mil millones de personas atravesando el climaterio o menopausia, y que actualmente un 70% de las personas en este período no cuentan con información suficiente para desarrollar sus vidas normalmente, muchas aún siendo parte de la fuerza laboral, y en este contexto cae de maduro la pregunta ¿Por qué no se habla más y no nos ocupamos de ello? ¿Será que la combinación de género y edadismo, provocan un tabú más grande aún?

Analizar la realidad con perspectiva de género feminista implica eso, mirar con nuevos ojos realidades invisibilizadas, calladas, ocultadas, plantear y problematizar aquello de lo que no se suele hablar, para a partir de ahí, pensar en lo que aún nos falta conseguir, que por lejano que parezca, nos lo merecemos.

Y en tu organización ¿De qué no se habla? ¿Qué no se muestra? ¿Qué permanece en la comodidad del olvido o de lo oculto? ¿Qué senti-pensares te surgen al respecto? ¿Qué dilemas se te presentan? Me intriga realmente, así que bienvenidos sean los comentarios y aportes, les leo 😊 

 

Por Daniela Mariana Chávez
Lic. en Sociología. Líder de proyectos DEI
LinkedIn: Daniela Mariana Chavez (ella)

 

 

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One Reply to “Una mirada feminista a los tabúes corporativos”

  1. Tania says: marzo 11, 2023 at 12:17 pm

    Hola Daniela! Yo he experimentado en la organización que estuve por mucho tiempo una escicion en lo emocional. Diría que lo que no se mostraba eran las emociones, vinculadas a cualquier tema. La expresión de lo que se siente. Tanto aquellas emociones en el marco de la vida personal, cómo las relacionadas con lo laboral. Una cultura que valora el hacer ante cualquier cosa. Un andar que no válida, permite, habilita otro estar. Recuerdo cuando estuve embarazada de haber sentido la nada misma. Era como si no ocurriera nada. Lo relacionado a la menstruación y a la menopausia no imagino como se le podría dar entidad en tal contexto. Se han hecho cosas a lo largo del tiempo en DEI. Con avances, pero creo que falta mucho. Super interesante tu nota.

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