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¿Cómo sostenemos lo que tenemos?

Argentina recibe a un nuevo gobierno, uno de la más extrema derecha, uno que promete arrasar con los derechos conseguidos, y bajo el icónico grito de ¡AFUERA! procura terminar con muchas de las instituciones que posibilitaron que esos deseados derechos sean una realidad. Entre las personas que nos dedicamos a la diversidad, equidad e inclusión (DEI), estamos bastante preocupadas/os, porque no sabemos qué nos deparará el futuro y en general no tenemos el mejor pronóstico.

En estos tiempos donde todo vale, los discursos de odio brotan por doquier, la incertidumbre por lo venidero es la única certeza. Y no, no sorprende que haya habido amenazas de bomba en el Ministerio de mujeres, géneros y diversidad. Tampoco sorprenden los insultos y humillaciones que reciben día tras día las personas militantes por los derechos de mujeres y personas LGBTIQ+. Tampoco así, las golpizas que reciben. Mucho menos el hate constante por redes sociales.

En este contexto, me resulta clave conocer y reconocer (para recordar) el enorme aporte que se ha hecho en estos últimos años en materia de derechos humanos para prevenir, erradicar la violencia de género y reparar los daños, desde distintos organismos públicos en general, y desde el Ministerio de mujeres, géneros y diversidad, en particular.

No pretendo hacer un racconto exhaustivo de todo lo que se ha conseguido, sería muy extenso y ya hay muchos sitios donde está publicada esta información –mmgyd-en-numeros-MAYO2023-alta (argentina.gob.ar)-. Pero lo que sí me propongo es utilizar este espacio para destacar brevemente algunas de las cuestiones que resulta interesante que no perdamos de vista, para recordar lo fundamental que es que el Estado sea garante activo de derechos, punta de lanza de la DEI, incentivando de esta manera, a que el sector privado haga su parte.

Pensemos por ejemplo en la violencia de género más extrema, los femicidios. Para cuantificarlo, desde el primer ‘’Ni una menos’’ (junio 2015) a mayo del corriente año, hubo 2257 femicidios. A su vez, se estima que hay entre 10 y 15 crímenes de odio lgbtiq por año –Crímenes de odio: qué son y cuáles son las cifras en la Argentina – LA NACION

Y es cierto que los números así vistos, parecen ser solo eso, ni más ni menos que números. Sin embargo, mientras más lo pienso más me convenzo de que es necesario no perder de vista que atrás de los números, hay personas: Silvana interceptada y asesinada por su ex pareja a la salida del trabajo; Tati y Juani que se quedaron sin mamá; Pablo y Ariel que planificaban su boda, y ahora tendrán que reforzar el maquillaje porque les desfiguraron la cara a plena luz del día al grito de ‘’Putos de mierda’’. Suena crudo, pero mucho más es que suceda a diario y no lo dimensionemos, y que ya no haya una instituciones ocupándose diariamente de trabajar para evitar que esto siga pasando, brindando esperanza (de vida), apoyo y contención para víctimas de violencia de género, y/o sus familias.

En tal sentido, me interesa destacar que desde la creación del Ministerio de mujeres, en 2019, la política pública en relación a las violencias de género ha cambiado su enfoque hacia uno integral. A través de distintos programas se han brindado respuestas tan efectivas que muchas veces han hecho la diferencia entre la vida y la muerte, y muchas otras fueron fundamental para que las víctimas de violencia y sus familias puedan restablecer su vida. Para poner en números algunos datos concretos:

  • La tasa de femicidios ha disminuido un 15% en los últimos dos años.
  • El Programa Acompañar llegó a 665 familiares de víctimas de femicidio, travesticidio y transfemicidio.
  • Se capacitaron 234.651 agentes y autoridades en el marco de la Ley Micaela en la Administración Pública Nacional.

Sin desconocer que estuvo lejos de ser perfecta su actuación, estos números me hace pensar ¿Cómo cuidamos lo conseguido? ¿Cómo seguimos este camino?

Lo mismo se puede extrapolar a otros campos relacionados, como por ejemplo: los dispositivos desplegados para evitar embarazos de niñas y adolescentes, como así también para prevenir la violencia en la niñez. En este sentido, basta conocer solo algunos de los casos de éxito que tuvo la ESI, cada vez que las infancias, a partir de estos talleres, pudieron hablar, sacando a la luz abusos o violencias que tenían normalizadas o que no se animaban a contar. Asimismo, políticas como el Plan ENIA, Plan Nacional de Embarazo No Intencional Adolescente, también contribuyeron a una mayor concientización sobre este tema tan importante. Entre 2019 y 2020, la tasa de fecundidad adolescente tardía (15 a 19 años) pasó de 40.7 a 30.3 nacimientos por cada mil mujeres adolescentes, mientras que la tasa de fecundidad temprana (niñas menores de 15 años) disminuyó de 1.1 a 0.7 – UNFPA Argentina | Cómo hizo Argentina para reducir la tasa de fecundidad adolescente

Vemos así, que el Estado, con sus virtudes y defectos, puede funcionar como impulsor de los temas DEI, o por el contrario como detractor. Entendiendo el contexto actual, con el cierre inminente del Ministerio de mujeres, géneros y diversidad, en un momento de amenazas y riesgo de que dejen de funcionar espacios de reflexión y formación, como lo son la ESI o la Ley Micaela, me vuelvo a preguntar: ¿Cómo sostenemos aunque sea parte de ese tejido construido, algo tan valioso para la sociedad? Habrá que seguir pensando, generando espacios de reflexión y acción colectiva; y en tiempos difíciles habrá que ser espacio seguro para que las personas que más lo necesiten encuentren siempre escucha activa, apoyo incondicional, y un abrazo genuino.

 

Por Daniela Mariana Chávez
Lic. en Sociología. Líder de proyectos DEI
LinkedIn: Daniela Mariana Chavez (ella)

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