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Detectando a los falsos aliados

No es mi intención ponerme en una posición de “catador de aliados”, pero luego de más de 13 años de trabajo en el campo de la diversidad, equidad e inclusión, siento la responsabilidad de visibilizar el hecho de que no todo lo que brilla es oro, y que muchas personas que se auto-catalogan como aliadas, en realidad distan mucho de serlo. El término “aliado”, como todo, no viene sin sus clichés y estereotipos. ¿Sabes exactamente a qué se refiere? Al desconocer su significado, o confundirlo, el término ha sido estigmatizado. Sin embargo, ser un aliado significa básicamente realizar un esfuerzo activo y consistente para utilizar los privilegios y el poder, para apoyar y promover a las personas con menos privilegios.

Lectura recomendada: El tabú más grande: Privilegio

Pero, ¡un momento! ¿Es suficiente con querer ser un aliado para serlo, o alguien más me tiene que dar el título? Quizás ya te sientes un aliado, o piensas que ya estás contribuyendo positivamente a la inclusión. Curiosamente, de acuerdo a un estudio realizado por la organización Lean In, una gran parte (77%) de los empleados varones, heterosexuales y de piel clara, quieren ser aliados, pero muy pocos están tomando acción de verdad. Por supuesto que comprendo, y de hecho promuevo, que tener buenas intenciones para promover un espacio más justo, equitativo e inclusivo, suele ser un primer paso fundamental para ser una persona aliada. Sin embargo, a estas alturas ya sabemos que sólo con buenas intenciones no es suficiente, y que los sesgos inconscientes nos llevarán más temprano que tarde, a continuar perpetuando las desigualdades que hemos consumido desde que nacimos.

El problema con los aliados que no son aliados, no es sólo el hecho de que no se encuentren ejecutando el rol que se espera de ellos, sino que suelen venderse, mostrarse y promoverse como tal, deslegitimizando a quienes realmente están trabajando por un cambio. Y esto lo digo con conocimiento de causa, porque yo siento que alguna vez estuve en esa posición de pensar que era un buen aliado por la equidad de género, cuando en realidad mis esfuerzos no estaban bien dirigidos. Estaba siendo un falso aliado. No es sorpresa que los falsos aliados suelen ser esencialmente varones. Varones que expresan a los cuatro vientos su apoyo incondicional a la diversidad y la inclusión. Tan seguros se muestran en sus afirmaciones que terminan resultando convincentes. Y ojo, no es que no crea que tienen un interés genuino en promover más diversidad e inclusión, sino que he comprobado una y otra vez que sus discursos rara vez terminan trasladándose a las acciones verdaderamente necesarias para promover un cambio real.

El rol de los aliados es crítico para promover un espacio laboral equitativo e inclusivo. Los aliados tienen el poder de crear una cultura de aceptación y de inspirar a otras personas a que actúen como agentes de cambio. Si te gustaría identificar si una persona es una verdadera o falsa aliada, te propongo prestar atención a las siguientes “red flags” (banderas rojas) que te pueden servir como señal de alerta, y al menos llevarte a sospechar del compromiso real y profundo por la diversidad e inclusión:

  • Cuando defienden con empeño y a viva voz la importancia de la igualdad de género, pero sin reconocer desigualdades estructurales históricas.
  • Cuando afirman que quieren diversidad, equidad e inclusión pero no suelen reconocer la necesidad de promover acciones afirmativas para superar las barreras adicionales que enfrentan otras identidades diferentes.
  • Cuando enfatizan las características femeninas tradicionales como un ejemplo o fortaleza para el equipo o la empresa: “Las mujeres son mucho más empáticas que los varones”, “Las mujeres son más ordenadas y cuidadosas”, etc.
  • Cuando alardean sobre cuán inclusivos son, o sobre algún gesto “feminista” que tuvieron solo con otras mujeres, pero rara vez cuestiona comportamientos machistas de otros colegas varones.
  • Cuando aseguran estar comprometidos por la inclusión de la diversidad en todas sus esferas, no solamente en el género, pero luego en sus equipos casi no hay mujeres, y mucho menos personas con discapacidad, personas del colectivo LGBTIQ+, etc.
  • ¿Se te ocurre alguna más? ¡Comenta debajo!

Obviamente no hago este post para desanimarte ni mucho menos. Una parte central de mi trabajo es la del desarrollo de verdaderas personas aliadas por la inclusión. Además, a un verdadero aliado no le interesa mucho el título en sí, sino el impacto de sus acciones. Por lo tanto no te preocupes tanto por que las personas te reconozcan como aliado, sino más bien deja que tus acciones hablen por sí mismas. Con el tiempo descubrirás que el título de aliado no te lo pones tú, sino las mismas personas a las que buscas ayudar con tus acciones.

¿Conoces a falsos aliados en tu equipo? ¿Cómo los has podido identificar?

Por Marcelo Baudino
Experto en Diversidad, Equidad e Inclusión
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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