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Crónica de una cultura del acoso anunciada

Mujer corriendo y escapando de dos manos gigantes

“El día que agarré el teléfono e hice la denuncia, supe que era el fin de mi carrera en la empresa”. Esto me confesó una amiga que tenía el puesto de gerente en una empresa multinacional. Había estado lidiando con una situación de acoso laboral hacía varios meses. Luego de la denuncia, la actitud de su jefe cambió, pero a la hora de la evaluación de desempeño, la destrozó. Era hora de buscar nuevos horizontes.

Suena injusto, ¿no? Hagamos una pausa y pensemos por un momento en cómo es posible que se llegue a este tipo de disyuntiva, en la que una mujer tiene que escoger entre su salud mental o el desarrollo profesional. ¿Acaso existe una cultura del acoso que se va creando, enraizando y consolidando desde mucho antes? Analicémoslo a través de una crónica inspirada en conversaciones y debates que he tenido en talleres sobre equidad de género:

Históricamente en la empresa habían trabajado varones. Era una tarea que exigía, en algunas ocasiones, el uso de la fuerza, por lo que la construcción de género descartaba casi automáticamente a las mujeres; tuvieran la fuerza necesaria o no. Lo “normal” era tener colegas varones, y el nivel de acostumbramiento era tal, que ya todos conocían los códigos implícitos: había que hablar, saber y gustar del fútbol, los chistes y comentarios sexistas estaban a la orden del día, y primaba la camaradería. El nivel de intimidad y sentido de pertenencia los llevaba a cuidarse, y sobre todo, defenderse, ya que claramente eran buena gente. Y lo eran: graciosos, simpáticos, laburadores, ocurrentes. En algún momento de la historia, comenzaron a ingresar mujeres. Varias en puestos administrativos, y alguna que otra en puestos operativos. Lo que habían logrado los varones era tan fuerte, que no iban a permitir que las mujeres rompieran la dinámica establecida. Y en gran parte de esa dinámica establecida, no había lugar para las mujeres.

Las mujeres eran bien recibidas, pero representaban una amenaza. Una amenaza al status quo, a ese pacto entre caballeros que les permitía mantener ciertos privilegios. Las mujeres representaban un cambio, y como se sabe, las personas no quieren cambiar. Pero lejos de romper el pacto de caballeros, las mujeres sólo lograron consolidarlo y profundizarlo. El comportamiento de los varones cambiaba sólo cuando había alguna mujer cerca, y se sentían “libres” de ser como siempre lo habían sido cuando ellas no estaban. Pronto empezaron a descubrir que algunos de sus comportamientos representaban acoso o discriminación hacia las mujeres. El primer problema de tener mujeres en el trabajo ya se hacía visible. Ni hablar del hecho de que las tareas más “pesadas” no se las permitían hacer a las mujeres. “Ante todo caballeros”, pensaban, sin reconocer que con ello, no sólo perjudicaban el aprendizaje y desarrollo de sus colegas mujeres, sino que se sobrecargaban de trabajo.

“Es más fácil trabajar con varones”. Ese pensamiento estaba implícito. De hecho, aquellas mujeres que se “masculinizaban” y aceptaban de las bromas sexistas como “uno más”, eran celebradas. En contrapartida, las que osaban exigir un trato digno y respetuoso, de repente eran las problemáticas. La posibilidad de una denuncia falsa los aterrorizaba. Mucho más que la posibilidad de que una de sus colegas mujeres sufriera algún tipo de acoso sexual. ¿Y cuál de las 2 cosas sucedían? Exacto, el acoso. Pero la coartada ya estaba elaborada de antemano: ante la mínima posibilidad de que alguien haga una denuncia por violencia de género o acoso sexual: nadie era capaz de haberlo hecho. Si somos todos buena gente, padres de familia, esposos ejemplares, incapaces de hacer algo así. “¿Te das cuenta? Es muy complicado trabajar con mujeres”.

En todos nuestros talleres de “Ambiente laboral libre de discriminación y acoso” se puede ver siempre las caras de algunos varones que son obligados a asistir: fastidio, desgana, incredulidad. La actitud de “Habla lo que quieras que no te voy a escuchar”, parece estar siempre presente. Al parecer piensan que no lo necesitan, porque en realidad son ellos las víctimas de un movimiento feminista que les está coartando la libertad (o sus privilegios en realidad). Por suerte, y también hay que decirlo, también hay de los otros, de los que asumen su responsabilidad y quieren promover un cambio, un espacio más inclusivo para todas las personas, independientemente de su género.

Puede parecer una exageración este relato, pero no es más que una realidad persistente, en distinto grado, en casi todas las organizaciones. El espacio laboral presenta un nivel de hostilidad desigual dependiendo del género de las personas, especialmente en aquellos sectores más duros, operativos o tradicionalmente masculinos. Tolerar una situación de acoso no debería ser una opción en ninguna organización. Alzar la voz para denunciar, no debería ser el fin de la carrera de ninguna persona. Para ello es necesario trabajar en 4 áreas críticas para promover un espacio laboral libre de acoso y discriminación:

  1. Una buena política de ambientes de trabajo libre de discriminación y acoso alineada a las pautas internacionales y nacionales sobre el tema.
  2. Un protocolo de actuación en casos de acoso y discriminación desarrollado y eficiente.
  3. Un equipo de ejecución del protocolo capacitado y con perspectiva de género.
  4. Un liderazgo y personal sensibilizado con la temática y con herramientas para prevenir y saber qué hacer si sucede algo.

¿Qué tan preparada está tu organización para abordar de manera madura y responsable temas de discriminación y acoso?


Por Marcelo Baudino
Experto en Diversidad, Equidad e Inclusión
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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